11.3.09

Let the truth sting.

Hace un par de semanas que venís teniendo esa sensación de tener que decirle todo lo que pensaste y nunca le dijiste, a todo el mundo. Como si un huracán fuera a desvastar la ciudad, o un tsunami fuera a taparnos. Esa maldita sensación de "apocalipsis", de 2012, o al menos, de final de "tu mundo", que no entendés muy bien a qué se debe. Como positivo podés destacar que todavía no tomaste ninguna decisión drástica. Tipo, decirle a tu ex que siempre estuviste enamorada de él, o decirle a tu ex-amiga que siempre te pareció una perra, que se vestía realmente muy mal y que era una envidiosa de porquería. Onomatopeya de alivio. Todavía no hiciste ninguna locura. Ahora, la palabrita "todavía" es la que te quita el sueño.

Todo comenzó cuando, en una de esas tardes en las que te encontraste tirada en la cama suspirando, empezaste a darte cuenta de lo distinto que somos todos los seres humanos. De las distintas reacciones que provocan en vos, las personas que vas conociendo. Y te autoconvenciste de que, si ciertos hombres supieran, lo fácil... lo increíblemente fácil, que era tenerte así, tirada en la cama suspirando; dejarías, de una vez por todas, de ser la histérica e insatisfecha que nada la convence. Por primera vez, estabas segura de que la falla no estaba en vos. Ok. Tal vez la falla tampoco estuviera en el otro, sino simplemente en la unión de las dos moléculas. Pero ese no era el punto. El punto era estar segura de que, personas como vos y ella, personas como Meredith y Christina, todavía tenían oportunidades.

"Son tiempos duros para el romanticismo" - dijiste (como buena compradora de publicidad que sos) en conclusión a la charla de lunes a la medianoche, con tu mamá y hermano. Tu problema estaba justo en esa frase. Si estuvieras metida en tus collages, en tus colores, tus papeles, o tu nuevo proyecto francés, de seguro que esas palabras no tendrían ningún sentido para vos. Pero el hecho de encontrarte tirada en la cama suspirando, era un indicio claro de que estabas en grandes problemas. ¿Cómo se hace para no sentirse como en un callejón sin salida? ¿Cómo se hace para no tener miedo de estar otra vez, dirigiéndote a la dirección equivocada? ¿Cómo se hace para confiar en que esta vez no habrá paredón al final del camino? Y, por sobre todas las cosas, ¿cómo se hace para frenar estas estrepitosas ganas de que el mundo entero sepa que estás suspirando, como hacía mucho no te hacían suspirar?

Ahí fue donde empezó el volcán de palabras en la garganta. Las ganas de que supiera que te perdió él solito, que tuvo todas las oportunidades y las perdió por no saber como mantenerte conquistada; de que el otro supiera lo idiota que te sentías, que si se pudiera volver el tiempo atrás, nisiquiera le hubieras dirigido la palabra, que "NO" va a ser lo único que te escuche decir de ahora en más y para siempre; que tu amigo sepa que, apesar de todas las decepciones que te llevaste con él en este último tiempo, sentís que en el fondo, él sigue siendo el mismo, y que por primera vez, le deseás que sea muy feliz con esa persona, porque ahora sí, creés que está en lo correcto; que tu otro amigo entienda que, está yendo en un vuelo sin escalas y a toda velocidad, derechito a estrolarse con una enorme pared, y que es tu deber decirle que ya pasaste por eso, y que si no desacelera YA, le va a doler muuuucho; y por supuesto, también te gustaría decirle a Grey TODO eso que nunca le dijiste y porqué no, que además, te encantaría que hoy se pudieran dar un abrazo gigante y contarse todo eso que alguna vez quisieron contarse y no lo hicieron por, vaya uno a saber qué.

Está muy claro. Todo este ataque de sinceridad brutal se te va a pasar en un abrir y cerrar de ojos. Y vas a volver a quedarte con la duda de... ¿qué pasaría si todos supieran todo lo que realmente pensás? Para bien o para mal, creés que no es casual que estos ataques sólo te agarren de vez en cuando. Hay momentos en los que, mejor, callarse y seguir suspirando...

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