"Dicen que hay que tener la casa ordenada porque así, tu mente está ordenada. De qué mierda me hablan, no? Mi casa está siempre ordenada y mi cabeza es un quilombo, es un desastre, es una favela mi mente."

Hace días que vengo queriendo escribir algo. Ando necesitando escribir. Hacer catarsis. Purificarme. Liberarme de la mochila que siento tener sobre los hombros. Sin embargo, por alguna extraña razón, no puedo dejar de mirar las teclas borroneadas del teclado de un lado a otro. Necesito escribir pero es difícil hacerlo. Porque... ¿cómo hacerlo? ¿cómo hablar de ciertas cosas? Eso. Necesito hablar pero es difícil hacerlo, capish? En la escuela nos enseñan las reglas convencionales para escribir un texto. La gramática, la ortografía, la puntuación, la cohesión y la coherencia. Pero cómo hacemos para redactar... para siquiera mencionar aquello de lo que no podemos hablar? De eso que está en nuestras mentes todo el tiempo pero que, algo nos impide que lo pronunciemos en voz alta o que lo tipeemos letra por letra? Hay veces que es mejor no decir nada. Hay veces en la que no necesitamos al terapeuta que nos marque el error. "Ok, Malena, estás pensando con el orto. Mejor calláte." Así. Eso. Mi Pepe Grillo personal me lo dice todo el tiempo. El problema está en que aunque esté mal todo lo que piense, no puedo dejar de pensarlo. No puedo dejar de sentir el nudo en el pecho. No puedo dejar de creer que es una reverenda cagada. Tengo la certeza de que es injusto esto que está pasando. Sí. Que los seres humanos que me rodean son los "culpables" o consecuentes de que se haya vuelto real esta posibilidad. No quiero llamarlos culpables. Pero... c'me on! LO SON! Responsabilidad... culpabilidad. Hay un solo paso entre una y otra palabra. El juicio de valor que le pongas a tu idea es lo que las delimita. Y claramente, no puedo dejar de inclinar mi juicio de valor para el lado de la culpa. Y está mal. Lo sé. Es que, cómo hacemos para decirle al corazón que pensar así es moralmente incorrecto? El corazón no piensa (gracias a Dios). Y por más que sé (créanme que lo sé) que nadie es perfecto y que todos los días, todos (o la mayoría) estamos intentando hacer las cosas lo mejor que podemos... eso no quita que a veces, las hagamos mal. Que a veces nuestras acciones sean una mierda y que eso lleve a tener consecuencias sobre las personas en las que tenemos cierto tipo de influencia.
Y todo esto, me da impotencia, saben? No puedo dejar de sentir que ya está, que no se puede llorar sobre la leche derramada. Que por más que suene muy mal, la cagada ya está hecha y no se puede remediar. Porque.. por más ética que le pongamos a esto... la verdad es que acá se cometieron errores. No me vengan a decir que no. Y he ahí las consecuencias. Malas? En el mundo en el que vivimos, no puedo decir que sean malas. Simplemente, distintas. Pero a ver... distintas implican también dolorosas. Quien pasó por semejante cambio, debe saber que no es fácil ni sencillo ni agradable. ¿Por qué alguien tiene que pasar por algo así sólo por consecuencia de las malas decisiones de otros? Lo dije y lo repito. No quiero echarles la culpa. Pero es difícil, ok? Estar en tu lugar? Te lo regalo. Pero vení y ponéte mis zapatos para ver qué taaaanto te puede gustar estar en el mío. No hay películas ni libros (bah, no me puse a investigar) que se pongan de este lado para contar este tipo de historia.
Como puse en un principio: "es una favela mi mente". Sí. Es exactamente lo que necesitaba decir. Porque no sé cómo seguir, no sé qué hacer. Supongo que debo seguir haciendo lo que siempre hice. Porque mi papel en la obra no cambió. Sigo haciendo el mismo personaje, que se adapta a los nuevos, o a los viejos que ahora hacen nuevos papeles. Pero si los demás no son los mismos, ¿cómo hago para mantenerme inalterable? ¿cómo hago para seguir siendo yo? Sé que puedo pero... la sóla idea de pensar en el futuro, de proyectar esta situación, me sofoca. Mi cabeza está las 24 hs del día pensando en lo mismo. No sé por qué me golpeó TAN heavy pero simplemente.. no puedo parar. No sé cómo hacer de cuenta que no pasó nada. No se puede. Es imposible. Qué hacemos haciéndonos todos los boludos? EH? Acá nadie salió ileso del impacto. Y quizás no necesitemos ayuda externa.... pero y si quizás, ¿sí?. ¿Quiénes somos nosotros para auto-diagnosticarnos?
A veces siento que soy la única cuerda en esta casa. Y al instante, me encuentro sola, en mi habitación, pensando cosas como éstas o aún peores y me doy cuenta que no sé si puedo hablar de cordura... Después de todo, ¿quién no tiene un mambito dando vueltas? Pero qué sé yo. Me la banco. Como para el Moyano digamos queeeee... no.
O sea, ok. Elijo terriblemente mal a los hombres. OK. SÍ. LO ADMITO. Pero por algo se empieza, no? Por lo menos yo me hago cargo de mi mambo! Ya noté dónde está el desperfecto. Ahora sólo necesito la herramienta para arreglar el artefacto...
Una llave inglesa que puedan prestarme?