Té de rosa mosqueta y mucha miel. Tu garganta no se encuentra en óptimas condiciones y por lo que se ve, tu inspiración tampoco. Ella intenta. Intenta nutrirse de Hundertwasser. Intenta logar un maldito lenguaje morfológico interesante. Una lógica que te convenza y te agrade. Se puede decir que algo conseguiste. Cuadraditos, muchos cuadraditos y círculos imperfectos. Habrá que ver si tus gubias preferidas, el linóleo y las tintas de grabado te acompañan. Lo que te preocupa ahora, es otra cosa. ¿Será que tanto aguarrás terminó afectándote el cerebro? ¿Será que lo del sábado repercutió tardíamente en tu inconciente? Sí. Te diste cuenta que, ocasionalmente, tenés sueños recurrentes. Nunca te había pasado algo así. Pero hoy, caíste en la cuenta de que no es la primera vez que soñás ciertas cosas. Cada tanto, te despertás recordando aquel sueño en la playa o aquel sueño en una casa extraña. Lo loco fue que ayer, se te dio por soñar las dos cosas juntas.
Estás en la playa. Tranquila. Seguramente algo importante estaba sucediéndote en el sueño cuando de repente, caés en que son las 6 de la tarde y la marea va a empezar a subir. Cuál película truchísima, al instante empezás a sentir el agua del mar en tus pies. Como estás cerca de la orilla, decidís empezar a correr diagonalmente, es decir, siguiendo el curso del mar pero entrando cada vez más en la playa. Lo completamente inverosímil es que, mientras más corrés en dirección a las carpas, más crece la marea y más te alcanza. Tu desesperación es única. No tolerás esa fría sensación en tu piel, del agua que va tapándote los pies, las pantorrillas y hasta casi llega a las rodillas. En algunos sueños, esas olitas se convierten en un pseudo-tsunami que aterroriza a toda la gente que está en la playa y que no importa cuánto pudieran correr, el oleaje iba crecer cada vez más y más. Las olas pueden llegar a taparte pero siempre salís a superficie intentando nadar y respirar. No hay descenlace en estos sueños. Siempre se cortan antes de que se resuelvan de alguna manera. Ahora, ayer... sucedió algo distinto.
Estabas corriendo, escapándote del mar, cuando entrás en una suerte de balneario que tiene dos torres parecidas a un castillo medieval. Estas torres están rodeadas en su exterior por muchísimas escaleras caracol. Al parecer, en el sueño, no podés seguir otro camino que no sea el de recorrer todas esas escaleras hasta llegar a una puerta (que vuelve a estar dentro de la playa, y cerca del aterrorizante mar) que, sin saberlo, te adentra en este pseudo-castillo.
Ahí es donde empieza el sueño recurrente número dos. Desesperada por que no entre el agua, comenzás a correr sin dirección en este edificio que tiene muchas puertas y muchas habitaciones. Al principio, en los primeros cuartos, hay mucha gente a la que no le prestás atención. Abrís la puerta, la cerrás, corrés hasta la próxima puerta y hacés otra vez lo mismo. Muchas habitaciones, pasillos y escaleras después, empezás a notar que no estás encontrando fácilmente la salida. Seguís recorriendo cuartos extraños y abriendo puertas (esta vez, a solas), sin resultado alguno. Ahora bien, como había dicho antes, esto ya lo habías soñado varias veces. El hecho de estar en una casa desconocida y muy grande, con muchas puertas y pasadizos, y en donde no importa cuánto corras, nunca encontrás la forma de salir; ya había aparecido en tu inconciente no en una, ni dos, sino MUCHAS ocasiones.
Te resulta inevitable analizarlo. Según tus clases de Psicología de 4to año, Freud te diría que solamente vos podés interpretar tu propio sueño. No sabés exactamente lo que te está queriendo decir el inconciente y mucho menos, comprender por qué ya lo habías estado soñando. Tendrías que comparar ciertas cosas que te aquejaran o que sintieras en los momentos en los que habías soñado con la casa o la playa antes, con lo que sentís hoy. Pero la verdad es que, obviamente, no lo recordás. Sólo podés traducir tu sueño en 3 palabras "ganas de huir". Le huís al mar, intentás huir de ese castillo o casa. Y lo que es peor, no podés. Te sentís atrapada. En un laberinto sin salida. Eso podría resumirlo todo. Es increíble porque ni vos te habías dado cuenta de que te sentías así.
Sin embargo, el hecho de que tu progenitor se comporte como un pendejo (entre otras cosas) y claro, que no sepas qué hacer o cómo actuar al respecto; que extrañes a rabiar a C., que quieras tomarte un avión directo a Barcelona para decirle: "Hola sí? Te acordás de mí? Bueno, tengo una larga lista de cosas para decirte" y terminar robándole un beso ASÍ de grande... y claro, saber que NO podés hacerlo; que esperes con todas tus ansias que al otro geminiano se le dé por hablarte y que termine de decidirse por fin a salir con vos... y claro, que su ventanita siga congelada en la Matrix; que sientas que estás intentando, a regañadientes, aprobar Morfología y que te dá pánico que no te salga bien y que por estar dedicándote sólo a Morfo, posiblemente estés descuidando las otras materias que también NECESITAN ser aprobadas...
Creo yo que... todo esto, sumado a tu próxima gripe... es lo MÁS parecido a estar en un laberinto lleno de puertas que no te llevan a ningún lado y con un mar que te persigue con todas las ganas de taparte. Ahora, no me preguntes por qué carajo a tu inconciente se le dio por traducirlo de esa manera...
En estos momentos, tu camita calentita, los ejercicios de français, tus calcos, tu técito frutal con miel, un manual para el amor y un cerebro nuevo... serían, básicamente, las mejores cosas que podrías pedir. Vos encargáte de pasarla lo mejor posible que tu inconciente, la tiene muchísimo más clara que vos.
