29.5.10

Casi a punto de caer.


Abrí la cartera desesperada, buscando un cigarrillo.

Es que, es fuerte, no? De repente, ese encuentro que tanto imaginaste, que tantos matices le pusiste, en el que pensaste qué decir y qué hacer mil veces... estaba ahí. Se había materializado y lo tenías enfrente tuyo. Estaba pasando en ese instante. En esos minutos larguísimos que nunca nadie te avisó que fueran a existir realmente. Si al menos alguien pudiera anticiparnos (al menos unos minutitos antes) que cosas como tales fueran a pasarnos, no? De esa forma, una podría estar preparada. Mentalizarse. Volver a su eje y recordar todas esas palabras que había pensado una y mil veces. Tener en cuenta que la calma es lo primero que debemos guardar porque el quedar como una "psycho" total, no tiene NADA de copado.

Pero no. La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida. Y tenés que hacer lo que podés. Aunque eso incluya quedar como una ridícula que hace planteos irracionales. Después de todo, no sería la primera vez.

- Si te sirve de algo, yo estoy enamorado de ella - dijo sonriendo.

Sí... no. Re útil tu comentario. Me facilitaste toda mi vida, no te das una idea. De repente veo todo mucho más claro..... Sería un poco trillado que diga que odio a todo el sexo masculino pero, sinceramente, es una idea que no pude sacarme de la cabeza en toda la semana. Ellos, los que se la dan de personas simples, sin vueltas, bien claros y directos. Ellos que se la dan de los que nunca pueden entendernos porque somos hiper complejas. Ellos son los que justamente no se dan cuenta que nosotras somos las que vivimos en burbujas super minimalistas, sin demasiado alboroto hasta que a ELLOS se les da por entrar para transformárnoslas en espacios dadaístas. En una maraña de elementos sin sentido. A ver... flaco, ¿de qué carajo puede servirme a mí que me digas que la amás? Más que para complicarme la vida y transformarme en una persona mucho más enredada de lo que ya soy, no le encuentro el fin. No es difícil entrever cuál es la razón del problema. No tenés ni idea de quién soy. Qué pienso. Cómo me siento con lo que me estás diciendo. No me conocés ni ASÍ de poquito. Y eso en realidad, debería hacerme sentir mejor. Debería hacerme caer en la cuenta de que es genial que estés enamorado de ella y no de mí. Porque eso sería un problema todavía peor. Debería, pero no. El mal ya está hecho. La maraña de pensamientos ya está creada y es imposible que tus palabras no me hagan sentir como la persona más loser del Universo.

- Yo podría estar con cualquier otra persona en este momento. -
- Ahí tenés la puerta. Andáte con quien quieras... -
- No. ¿No entendés? Podría, pero me quiero quedar acá con vos -

Te querés quedar conmigo y estás enamorado de ella. Bien. Decíme si no es lo más comprensible que escuchaste en tu vida.

Ante tal situación, había una sola cosa que podía hacer. Tomar una decisión. Después de todo, siempre nos dejan a nosotras la parte de las decisiones cuando ellos en realidad, ya tiraron todas las cartas sobre la mesa. La partida ya la tenía perdida. No había forma de ganarle al ancho de espadas. O si la había, no tenía la suficiente fuerza como para ponerme a pensar en cual. Devolví las cartas al mazo y me fui silbando bajito. Con la mirada perdida. Sintiendo que había hecho lo más amargamente correcto. Busqué una mirada cómplice. Busqué que esos otros ojos que me habían mantenido entretenida las noches anteriores, me devolvieran ALGO. Aunque no más sea una mirada de desprecio. Pero no. No encontré nada. Nada de nada. Bueno no, miento. Encontré lo mismo de siempre. Sonrisas. Cero desprecio. Esa extraña sensación de "me gusta estar cerca tuyo". Nada del otro mundo. Nada que volviera a hacerme encender mis cigarrillos.

Al final del día (o de la semana), las cosas estuvieron más claras. Fue ese vacío el que me originó este malestar. No el encuentro sorpresivo. No tus palabras de amor hacia otra persona. Nisiquiera tus ojos mirándome como antes. Y mucho menos fueron esos besos que parecían ser sólo recuerdos de lo que alguna vez fueron. Lo que me terminó por hacer mierda es sentir que en el fondo, no siento nada. O sí. Siento nostalgia. Siento soledad. Eso siento. Y sinceramente, ya no la puedo sentir más. Es la libertad más mentirosa que tuve en mi vida. Si ser libres es elegir un lugar en el que quedarnos, una persona con quien estar; yo estoy sencillamente... presa.

Al borde de la cornisa. Todavía creo que algo puede hacerme mirar para atrás. Sólo necesito que sea pronto...