Otra vez sopa.
Como en una de esas comedias románticas de los '90, ellos no piensan en dar un paso al costado. Se adelantan, van para atrás. Mil veces y de mil maneras distintas. Pero para el costado, nunca. Pasan los años, pasan las compañías. Se terminan las carreras. Cambian de hogar. Dejan y extrañan a sus perros. También cambian las amistades, las bandas musicales favoritas y los lugares que frecuentan. Cambian de peinados, de vestuario, de trabajo y hasta quizás, de manera de pensar. Cambian muchas cosas pero hay una que no piensan en cambiar. Ella es ella y él es él. Y punto final. Pueden haber existido otros "él" y miles y miles de "ellas". Pero cuando se hacen las 04:33 am de un viernes de noviembre de nada más y nada menos que 2010, y su ventanita sigue titilando en tu pantalla... las palabras sobran. Los otros él y ellas, son fantasmas que nisiquiera se acercan a preocuparte. Sí. La vida no deja de sorprenderlos a cada instante. Cuando creías que le habías escrito el "fin" en Helvética... cuando descubrías que este año no era tan fácil y lindo como los demás... ahí, justo ahí, cuando las papas quemaron... volvió a aparecer él. Y no tiene ni la más remota idea de qué tanto queman las papas pero así y todo... ahí está. En mi opinión, tiene una especie de radar-detecta-problemones. Siempre que todo estuvo gris, él estaba para sacarte una sonrisa. Y si bien hoy las cosas son MUY distintas, él no deja de formar parte de todo en cierta forma. No deja de alegrarte el día con un simple "hola!".
Sí. Le hablo a ella porque sé que me está leyendo. Porque ella se siente distinta. Ya no tiene 16 años. Ya no cree en las casualidades. Ya no piensa en que él está jugando. Sí. Él puede equivocarse. De hecho, ya lo hizo muchas veces. Él y su maldita bipolaridad. Pero ella ya tiene bien en claro que si después de s-e-i-s años, él no dejó nunca de buscarla ni de mirarla... es porque aaaalgo tiene que haber. Aaaalgo de cierto había en sus palabras aquella noche. Y puede que nada de todo esto resulte. Puede que este pálpito no la conduzca a ningún lado. O simplemente, puede que la conduzca al mismo lugar que siempre: su almohada y carilinas. Pero esta vez... es distinto. Ella se siente distinta. Esta vez está segura. Segura de que es ÉL. Y que por más que exista un altísimo grado de probabilidad de que él la lastime nuevamente, nunca podrá saber qué tan alto es el porcentaje de que no suceda, si al menos no se juega. Sí. Esta vez ella deja la máscara de cobarde en casa. A todo o nada, lanza al aire su moneda.
"Y que sea lo que sea." - pensó. (ojalá tenga suerte)
No hay comentarios:
Publicar un comentario