28.12.09

Saber cuando parar.

El problema siempre fue el mismo. Pensar y expresar ideas interesantes, puede llegar a ser algún tipo de don, digamos, encantador. Decir lo que decimos (valga la redundancia) no equivale a mucho esfuerzo. Sinapsis de neuronas que mediante un proceso hiper-complejo (que nunca tuve ganas de estudiar en 4to año) darán como resultado la transmisión de ideas desde tu cerebro hasta tu boca, a quién le llegará la "orden" de mover tus labios, mandíbula, lengua y cuerdas vocales para luego, articular sonidos, fonemas que darán origen a palabras. Palabras que darán origen a oraciones. Oraciones que darán lugar a nuestras ideas hechas lenguaje universalmente aceptado. Sí. Suena como muuuucho esfuerzo. Pero aunque no lo parezca, todos sabemos lo fácil que hoy en día es para algunos, tan sólo "abrir la boca". A lo que iba es que decir pavadas, las decimos todos (pero valiéndome justamente de esta premisa, tuve que redactar todo un texto a priori, para demostrar que mi teoría es sumamente verídica).

El problema siempre fue el mismo. Una cosa es decir... -sea lo que sea y tenga el valor que tenga- lo que decimos y una MUY distinta, es hacer eso que decimos. Quizás suene a idea un poco bastante trillada. Pero la idea es justamente expresar mi "pavada" para luego enfrentarme al desafío de "hacerla", así que... déjenme en paz. De repente, me di cuenta, que soy de las que escribe a futuro, de las que saca conclusiones antes de haberlas realmente sacado, de las que da consejos haciéndose la superada, de las que simula "estar mejor" y/o de las que termina la misma historia todos los días y hasta prácticamente a la misma hora (cuando todos sabemos que no la terminé, no la termino, y parece que pienso seguir sin terminarla). Las realidades paralelas que terminan con final feliz que implican a una "yo" con un nuevo amor, una "yo" que te ha olvidado, una "yo" sola pero contenta y feliz con lo que hace día a día.... son eso. Realidades paralelas. Podrían ser factibles. En otra dimensión. En otra "línea temporal". Pero no nos engañemos, la que escribe lo que escribe, la que está sentada sobre esta silla azul en este momento, ni está sola y contenta; ni tiene nuevo amor; ni... mucho menos osa hacer algo parecido a olvidarte.

El problema siempre fue el mismo. Es hora de encararlo. Encararlo... que es algo muy distinto a "decir que vaya a hacerlo". Es distinto a ponerme a escribir una lista de ítems por las que no debería hablar más de vos. Es distinto a redactar todo un texto lleno de ideas sobre decir y hacer para concluirlo con una descripción en colores brillantes, donde la protagonista se sienta a tomar un té de manzana, miel y canela y a dibujar pelotudeces porque LISTO, C'FINI, dijo un par de palabras mágicas y se olvidó de tu existencia. Termina el año y es hora de dejar de hacer eso que me sale tan bien. Eso. Dejar de hacerme la boluda. Tu existencia me agobia, me sofoca, me asfixia. Un poco mucho, tal vez. But the truth is the truth. Y el hecho de saber que existís y que no compartís esa existencia conmigo... de saberte existir lejos muy lejos mío... pero saberte, al fin y al cabo, vivo, real, de carne y hueso... me agobia, me sofoca y me asfixia todavía más. Planteos filosóficos tales como: ¿qué hubiera pasado si...? ¿por qué hiciste A y no B? o ¿qué tiene ella que no tenga yo? ... son hoy ya muy lejanos. Hoy por hoy me he vuelto una especie de máquina que sólo puedo comparar con Robotina de los Supersónicos, que se encuentra totalmente programada para servir a los Sónico, o en mi caso, para pensar en que no hay ni habrá tal idea de la felicidad en mi vida, sino estoy con vos. Horror. Pavor. Espanto absoluto de solo leerlo. ¿Cómo es posible que un hombre me delimite, me conforme, me impida la utopía de ser feliz? ¿Cómo es posible que VOS, tan insignificante, con tu metro casi sesenta de altura, con tus errores ortográficos, tu soberbia, egocentrismo y hasta autoritarismo... cómo puede ser que ESO a MÍ me pueda seguir sosteniendo en esta burbuja llena de imposibles? Nunca funcionaríamos. Y no lo digo simplemente por el hecho de que decir pavadas, las decimos todos. Nisiquiera es algo que yo tenga deseo de pensar. Es un hecho. Verdadero. Material. Casi que lo puedo tocar. Salta a la vista que está todo acá adentro. En el mismo lugar donde se produce la sinapsis de neuronas que mueven a mis labios y toda la bola para decir las pavadas que digo, o escribir las boludeces que escribo. En este mismo lugar, te encerré hace dos años y se ve que me tragué la llave. A vos, que no sos vos. A mi idea de vos. A ese vos que encuentro cuando escucho tu nombre, a ese vos que está en cada cosa que me recuerda a cuando fui feliz con el verdadero vos, a ese vos que está en todos y a la vez, en ningún otro.



El problema siempre fue el mismo. Puedo escribir cualquier cosa. Incluso puedo escribir que hago lo que escribo. Puedo escribir que un día conocí otros labios inoportunos que suplantaron a aquellos otros labios inoportunos. Puedo escribir que por fin, viajé a Paris y que fue ahí, frente a la torre Eiffel, cuando se destruyó finalmente mi antiguo concepto de felicidad. Puedo también, decir que en el día de hoy, 28 de diciembre del 2009, a las 5 de la matina y dos minutos... puedo decir que por fin, te olvidé. Puedo. Pero ese no es el problema. El problema siempre fue, es y pretende ser, el mismo. El problema... es que no quiero.

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